Qué es la angustia

La angustia es un fenómeno humano que no tiene por qué indicar una enfermedad. Aparece de forma natural cuando experimentamos un evento como una amenaza física o psicológica a nuestro yo personal. Puede surgir en multitud de situaciones.

Si la hemos experimentado, podremos identificarla fácilmente, ya que nos hace preguntarnos qué es lo que nos acaba de suceder. Se trata de una sensación de preocupación o miedo tan intenso, que manifestamos síntomas físicos y psíquicos. Estos nos bloquean temporalmente y nos hacen perder el control de lo que sucede en nuestro cuerpo y nuestra mente.

angustia

La angustia funciona de manera similar a la ansiedad. Pasa de ser normal a patológica cuando la reacción es desproporcionada con relación al estímulo que la provoca. También cuando es de carácter persistente y afecta al rendimiento, el funcionamiento psicosocial y la libertad personal.

¿Qué síntomas presenta la angustia?

Los síntomas de las crisis de angustia son muy similares a los síntomas de la ansiedad. En los trastornos de angustia se manifiestan de forma crítica. Además, aquellos de tipo cardiovascular y respiratorio presentan mayor frecuencia y gravedad. Son comunes la despersonalización y desrealización, sintiéndonos ajenos a lo que nos sucede y sin posibilidad de controlarlo.

Temblores y espasmos repentinos, escalofríos y hormigueos, cambios en la respiración, taquicardia… Son muchos los síntomas que se experimentan y que van más allá de los clásicos nervios en el estómago (DSM-IV).

Angustia vs. ansiedad

La angustia es una reacción a una situación traumática, en la que no podemos controlar aquello que nos altera. Puede ser tanto de origen externo como interno. Es un estado de tensión acumulada y que no hemos descargado correctamente.

Podría describirse como un estado de frustración o amargura. No podemos controlar aquello que nos afecta ni tampoco sabemos cómo reaccionar ante ello. Tiene un carácter puntual mientras no se convierta en trastorno.

Por el contrario, la ansiedad es un estado de inquietud o impaciencia provocado por la necesidad de obtener resultados inmediatos. Estos nos permitirían liberarnos de todo el estrés que nos rodea. Se produce un exceso de estímulos en nuestras vidas y nos sentimos incapaces de asimilarnos. Así, no podemos tomar las decisiones pertinentes que nos permitan resolver los conflictos.

Qué provoca la angustia

La angustia puede manifestarse por diversos motivos. Puede aparecer como reacción a una situación determinada o como expresión de un conflicto psicobiológico. En el primer caso, entra dentro de la normalidad. En el segundo, nos encontramos ante un trastorno de angustia, que incluye la ansiedad generalizada y los ataques de pánico.

Cuando experimentamos una crisis de angustia, es muy probable que se desarrolle una ansiedad anticipatoria. De no controlar la ansiedad, el trastorno evolucionará hasta llegar a las conductas de evitación. En este caso se corre el riesgo de desarrollar fobias.

La genética influye de manera importante, y un 40% de estos son de carácter hereditario. Hemos heredado de nuestros antecesores una fragilidad somática referida al sistema nervioso vegetativo, factores bioquímicos y rasgos de personalidad neurótica.

No obstante, la angustia también puede presentarse como síntoma de otras enfermedades. Entre ellas podemos citar la depresión, la psicosis, los trastornos obsesivos, etc.

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